ChilArte

1ª FERIA DE ARTE EN PANDEMIA

Presencial - Virtual · Stgo., Chile

Lunes a Domingo, 10 a 19 hrs.
Local 481, Distrito de lujo, Parque Arauco

Maite Izquierdo

Retomar el tacto en lo textil, en tiempos de pandemia

Maite Izquierdo (Chile, 1978) atesora materiales textiles con historia para luego elaborar cuerpos blandos que abrigan espacios. Su obra se articula en torno al carácter cromático de la materia, revelando en ese gesto el proceso creativo como ritual íntimo y transformador que se ha expandido en un trabajo colaborativo, y que puede derivar en instalaciones monumentales. Estas ‘experiencias textiles’, tanto en su dimensión plástica como estructural, entretejen distintos medios, como el video que registra a la comunidad involucrada en la obra.

En el hacer de Izquierdo prima un placer por la manualidad, una búsqueda de la belleza por medio de la experimentación. Su oficio en uno que demanda tiempo y paciencia, casi una obsesión. “La cotidianidad del textil se relaciona con lo íntimo y lo externo y, al trabajarlo, observo lo que me ofrece, establezco relaciones materiales, cromáticas y, a su vez, simbólicas: vida, muerte, cobijo, angustia, paisajes y cuerpo”, cuenta la artista, que ofrecerá una visita guiada abierta al público general en nuestra sede en Parque Arauco, el sábado 21 de agosto, a las 12 hrs.

En esta entrevista, habla sobre cómo el textil viene a representar hoy una bitácora del encierro en pandemia, visibilizando cada puntada como un camino de introspección en el hacer; cómo el textil puede actuar como cobijo, una segunda piel que nos conecta desde el interior –o nuestra propia subjetividad- hacia el afuera; y cómo en sus instalaciones a gran escala busca establecer una conexión también corporal con quien las mira, para que no solo las mire, sino que las sienta y se involucre en lo físico y lo emocional.

Maite Izquierdo, de la serie Chascas, 2021, técnica textil mixta (enmarcada en cúpula de acrílico, base de MDF), 24 x 24 x 9 cm c/u
Maite Izquierdo, de la serie Chascas, 2021, técnica textil mixta (enmarcada en cúpula de acrílico, base de MDF), 24 x 24 x 9 cm c/u. Vista de la instalación en CHILARTe

Has venido desarrollando diversas técnicas textiles en las que prima una rigurosa investigación sobre el color, utilizando como materia prima telas que tienen cierta carga histórica. ¿Qué directrices sigues para recopilar tu material? ¿Qué es lo que específicamente buscas en los textiles?

Atesoro materiales que ya han tenido una vida (ropa usada, desechos de fábricas de corte y confección, donaciones de empresas textiles…) y los descompongo para luego elaborar cuerpos que abrigan el espacio. Mi trabajo es textil y protector; una acumulación de experiencias táctiles y sensoriales, de exploraciones de las relaciones entre color, estructura y escala en relación al espacio.

Estas telas pueden ser zurcidas, rajadas, amarradas o remendadas; busco transformarlas en una segunda piel, versátil, estridente y sugerente. En mi obra hay una relación continua del textil como extensión del cuerpo. Utilizo técnicas dinámicas para manipular las fibras y la materialidad fluye desde el conocimiento sensible y sagaz del hacer. Aunque la experimentación con las fibras es diversa y profusa, mi trabajo se asienta en composiciones de pliegues y texturas que se articulan mediante el color. Las telas traen consigo una identidad cromática propia que se modifica en el entrelazamiento con otras.

En CHILARTe presentas dos instalaciones que contrastan en cuanto a formato. Cuéntanos sobre la serie titulada Chascas, compuesta por 80 rosetones en cajas de acrílico que nos reciben en la sala

Chasca se le llama al pelo despeinado en lengua quechua; es el reflejo del planeta Venus sobre las aguas, que multiplica sus haces de luz en la oscuridad. Esta serie de obras son gestos textiles que se enmarañan como nidos diversos de color y materialidad. Hipnotizan, llaman a reposar en ellos entre tanto cambio y búsqueda de verdad. Gestos sencillos y precisos que demarcan una búsqueda al interior.

La gran instalación que está al fondo de la sala nos invita a acercarnos, incluso tocar. Esto contrasta con las obras más pequeñas de la entrada, que están encapsuladas. Por su dimensión y carácter háptico, esta instalación de gran tamaño se vuelve quizás más lúdica y está pensada para la arquitectura del lugar. En este sentido, en una pieza site-specific. Cuéntanos sobre el proceso de tus trabajos a gran escala, los que llamas murales textiles y que realizas para espacios determinados. Has realizado varios de estos proyectos en Santiago, comisionados o a pedido. 

Las grandes instalaciones proponen ahondar en la exploración de lo tangible, el tacto, que facilita una permeabilidad y conocimiento sensible, respondiendo a la necesidad de tocar y habitar corporalmente. Son recorridos texturales que evocan el sentir, son textiles para tocar, penetrar desde la mano, entregando sensaciones y memorias. Desde ahí se develan capas extendiendo la experiencia corporal a las superficies táctiles; como capas de piel, estos retazos registran distintas experiencias y destinos, aunadas para gatillar nuevas significaciones. En CHILARTe se sitúan junto al video experimental Interior -con colaboración de María Hurtado- como metodología para articular reflexiones introspectivas. No se pretende lozanía, sino un constante cuestionamiento respecto a sensaciones y emociones desde un sentir cromático y emocional. La pandemia ha privado el tacto; me gusta que estos cuerpos texturales nos lleven a reconocer nuestras vivencias para desde ahí continuar en este nuevo habitar.

Maite Izquierdo, vista de la instalación Chascas en CHILARTe, Santiago de Chile
Maite Izquierdo, vista de la instalación Chascas en CHILARTe, Santiago de Chile

Hablemos del color en tu trabajo. ¿Cómo vas orientando las infinitas posibilidades ópticas y sensoriales del color para lograr el efecto deseado? 

En mi proceso creativo prima la búsqueda del color, en donde las experimentaciones en teñido han profundizado las relaciones de saturación, contraste y tono. Cada proyecto es diferente… intento estar en una constante experimentación, atenta a lo que voy encontrando y atesorando día a día. Mi obra nace muchas veces desde la misma materialidad; es el color y el hacer lo que va llevando la intuición y el trabajo para ir desarrollando cada obra.

Muchas veces trabajo con material reciclado, donado, encontrado, pero también ocupo material nuevo de todo tipo: sintéticos (látex, poliéster…) y fibras 100% naturales (algodón, seda). Depende mucho de cada proyecto, su significancia y la elaboración de cada uno.

Para mí, lo importante es la fluidez expansiva. Elijo materiales que me permitan crear, desde el mismo color de las fibras y su caída, transparencia o elasticidad, dependiendo de lo que quiera comunicar. En el textil todo significa. Ahora estoy en varios proyectos al mismo tiempo, por ejemplo, los Sudarios Naturales, que son bitácoras elaboradas con la técnica del eco-print en seda 100% natural o A-Dorado donde estoy trabajando en una gran instalación textil elaborada con muchos metros de tela de látex dorada, 100% sintética.

Intento estar siempre consciente de las relaciones entre materialidad, cromatismo y origen de los textiles que utilizo como parte fundamental y conceptual de la obra.

Detrás del trabajo manual y las nociones que nos evocan el manipular la tela como protección, segunda piel, abrigo, domesticidad, meditación, experimentación, ritual-, ¿qué conceptos o ideas buscas que emergen de tus composiciones?

El textil en sí mismo es efímero. Es nuestra segunda piel… y eso es lo más bello en cuanto a su significancia y presencia. Eso es lo que lo hace diferente a las otras disciplinas y se valida en la medida de que el espectador perciba su propia tactilidad visual y corpórea ante su presencia.

Siento que en este nuevo habitar de pandemia, el arte textil, y el arte instalativo en general, ha estado de luto, en el sentido de que no se han dejado habitar. Sabemos que cualquier registro visual nunca será en sí mismo la obra táctil porque es muy difícil establecer relaciones de experiencia estética con él a través de la pantalla o de las nuevas instalaciones virtuales 3D.

Cada día –sobre todo ahora en pandemia- nos hemos transformado en seres intocables, que nos relacionamos a través del vidrio -liso, inmaculado, tecnológico- de la pantalla. Después de meses en este habitar, estoy segura de que ansiamos volver a tocar, sentir y abrazar. Estoy segura de que cuando todo esto pase, la sociedad valorará aún más la experiencia estética de este tipo de obras. Será parte del lujo de obtener experiencias sensoriales libres.

El textil apunta justamente a eso, y por lo mismo estoy segura que elevará aún más la necesidad y experiencia estética dentro del circuito del arte. Mientras más encerrados, más hemos valorado el cobijo textil, invitando además a la manualidad en el regocijo de las fibras.

El hacer textil es minucioso, demanda tiempo y paciencia, de allí que se valore aún más en sociedades en que lo inmediato y tecnológico parecen invadirlo todo rápidamente. Creo que hablar de textil es hablar de humanidad; desde lo que significa hasta cómo se visualiza y se palpa y teje. Personalmente, trabajo bastante con material de desecho, lo cual me vincula aún más con el significado de este, en donde el desecho lo manipulo para restaurar y abrazar.

Su ejercicio afirma una forma crítica de la belleza, que valora el recorte, el entre medio, el lapsus, la grieta, la falla, el ensayo, el error, la pérdida, como elementos vitales.

Catalina Mena, periodista cultural y crítico de arte.

Maite Izquierdo, vista de la instalación Chascas en CHILARTe, Santiago de Chile
Maite Izquierdo, vista de la instalación Chascas en CHILARTe, Santiago de Chile
Maite Izquierdo, vista de la instalación Chascas en CHILARTe, Santiago de Chile

Justamente, el arte textil, asociado tradicionalmente a las mujeres, está siendo revalorado actualmente por académicos, curadores, investigadores, y por supuesto el mercado y los coleccionistas. ¿Cuáles son tus impresiones sobre este, digamos, boomdel arte textil? ¿O no lo ves así? 

El textil es tan próximo que a veces siento que lo dejamos de ver o validar en sí mismo, pero creo que esa percepción ha ido cambiando sustancialmente en los últimos 10-15 años. Venimos de una cultura en que el textil ha formado parte desde nuestras raíces como motor, lenguaje y comunicación entre los pueblos originarios de América. Hay en él una identidad y un significado que durante años nos ha costado mucho valorar y descifrar.

Siento que poco a poco el arte textil está traspasando fronteras y límites hasta llegar a valorase dentro del arte. Ya no sólo se le vincula con la artesanía y el diseño; las obras de artistas textiles están siendo valoradas también en el circuito del arte internacional. En grandes museos e instituciones se le ve como un medio de expresión visual auténtico, al igual que las otras disciplinas.

Por ejemplo, en 2019, al visitar Art Basel de Miami, como muchas de las ferias y colecciones aledañas, me impresionó ver una gran cantidad de obras textiles exhibidas en esos circuitos. Eran obras realizadas por importantes artistas (en su mayoría de larga trayectoria), que han ido tomando un papel muy preponderante dentro de destacados espacios, también en la crítica y en la comercialización. Al mismo tiempo, mis obras textiles expuestas junto a Galería Artespacio en la Feria Pinta Miami, también tuvieron una gran recepción y una buena comercialización.

En Chile constato que ha habido un gran despertar de los oficios y del hacer ancestral de nuestra historia; artistas contemporáneos lo han querido retomar para definir así su obra de manera completamente actual y poderosa.

Todos fuimos testigos de cómo el textil, arpilleras y grandes bordados sirvieron como banderas de lucha en manifestaciones sociales, potenciado aún más su mensaje bordado.

Asimismo se ha instaurado la idea de “la tejedora” de hoy como una persona capaz de construirse –no sólo constatar– en circunstancias históricas determinadas, en donde el textil hace presente o tangible el tiempo. El textil se ha presentado hoy como bitácora del encierro, visibilizando cada puntada como un camino de introspección en el hacer.

Maite Izquierdo, vista de la instalación Chascas en CHILARTe, Santiago de Chile

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